La ciudad esponja: como aumentar la resiliencia ante las sequias e inundaciones
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Adoptar nuevas estrategias en los entornos urbanos, como pavimentos porosos o SUDS, es ya imprescindible para la adecuada gestión del agua y sus infraestructuras en la ciudad del siglo XXI.  

En los núcleos urbanos, la crisis climática que puede conllevar periodos de sequias, sucedidos de episodios de fuertes lluvias con inundaciones, pone de manifiesto la necesidad de revisar en profundidad las infraestructuras destinadas a la gestión del agua. La denominada ciudad esponja es un concepto que alude a la importancia de implantar de forma extensa superficies más porosas que absorban el agua y la retengan. Con una doble función: se dispone de ella cuando escasea y se previenen inundaciones. Se trata, en suma de contribuir a la resiliencia de nuestras ciudades, en las que un exceso de asfalto y pavimentación impermeable las han convertido en más vulnerables. 

 

 

La ciudad esponja se encuentra estrechamente relacionada con una planificación detallada de la infraestructura verde urbana, tanto en renaturalización de superficies, como en cubiertas verdes o humedales. Lo que revierte positivamente en un aumento de la disponibilidad del recurso hídrico cuando sea necesario.

 

 

 

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Canal de drenaje en los suburbios de Dallas, Texas, Estados Unidos 

 

 

 

El nuevo paisaje urbano debe aportar soluciones basadas en la naturaleza, es decir que se inspiran o emplean procesos naturales para mejorar la gestión del agua. Con viabilidad de implementar a todas las escalas. Desde actuaciones puntuales, como alcorques de mayores dimensiones, que aumenten la presencia de tierra, a un incremento de la extensión de zonas de vegetación en parques y otros espacios públicos, o la creación de itinerarios verdes conectores, de modo que el agua pueda permear.  

También atañe a la recuperación de antiguas rieras, o a la conservación de las existentes, como corredores naturales, que canalicen adecuadamente las aguas cuando se producen lluvias muy abundantes, evitando inundaciones. El exceso de urbanización en zonas inundables ocasiona desastres devastadores. Y es fundamental el mantenimiento o restauración de los ecosistemas entorno a los ríos urbanos y periurbanos. 



 

SUDS, el drenaje sostenible 

 

El cambio de modelo en el sistema de desagües de la ciudad es otro punto relevante. La implementación de Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS) se postula como una conveniente opción para conducir el agua de lluvia a la tierra. Las ciudades que canalizan el agua de lluvia por desagües que desembocan en la red de cloacas resultan doblemente ineficaces. Se impide que llegue a la tierra y a las capas freáticas que actúan como almacén natural. Y al unirse a las aguas sucias que deben depurarse, se malgasta energía y recursos en un agua que ya era limpia. 

 

Los SUDS pueden implantarse, por ejemplo, en rotondas renaturalizadas a modo de gran alcorque y, en caso de pluviometría muy elevada, convertirse temporalmente en un lago. Posteriormente, el agua se filtrará progresivamente en la tierra hasta el subsuelo, constituyendo un reservorio para alimentar los árboles y la vegetación de la ciudad.  

 

 

  

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Pavimiento renaturalizado, con reservorio para alimentar los árboles en Paris 

 

 

 

Otra de las estrategias que aplica la ciudad esponja son los denominados jardines pluviales que recolectan la escorrentía y parcialmente la almacenan para asegurar agua disponible en periodos de escasez hídrica. O los llamados tanques de tormenta para almacenar el agua. En un urbanismo bioclimático, el material asfáltico se ha revelado un mal compañero del agua pues, en caso de lluvias, aumenta su velocidad y el sistema de desagües en la red de cloacas se colapsa. Por el contrario, los suelos absorbentes la ralentizan y filtran. 



 

Ciudades esponja en acción: ejemplos de éxito en el mundo 

 

 

El concepto de ciudad esponja tiene su origen en China, frente al desarrollo exponencial de sus ciudades en las últimas décadas. El país puso su objetivo en lograr que el 80% de sus zonas urbanas reutilicen al menos el 70% del agua de lluvia, con vistas al año 2030.  Una ciudad insignia en gestión de infraestructuras verdes es Shanghái, con un gran compromiso con las prácticas medioambientales. 

En Europa, Berlín defiende el modelo de ciudad esponja y su plan urbanístico comprende liberar espacio que contrarreste el incremento de densidad urbana y facilite la absorción de agua. Ciudades como París y Londres están implementando los Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS) con éxito. 

 

 

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Canal mínimo del río Manzanares en Madrid

 

 

 

En nuestro país, ante los episodios de sequía prolongada, seguidos de fuertes tormentas, algunas poblaciones han pasado a la acción. Es el caso de Murcia, que desde hace cuatro años dispone fondos para subvencionar Soluciones Basadas en la Naturaleza, con la implementación de SUDS en municipios de su comunidad. En Cataluña, la población de Viladecans ha establecido una red de balsas y canales que devuelven el agua pluvial al acuífero, para reaprovecharla. Actualmente, aspirar a una soberanía hídrica forma parte del desarrollo sostenible de las ciudades.  

 

 

El aumento de vegetación en las calles de la ciudad y en sus edificios implica evitar el efecto isla de calor que conlleva la urbe asfaltada en exceso. Al incrementar el verde se contribuye a rebajar la temperatura y a una mejor calidad del aire que redunda en un ecosistema de biodiversidad. En definitiva, se trata de mitigar los efectos negativos que trae consigo la creciente urbanización y movimiento de la población hacia las ciudades. Y modificar el concepto desfasado de espacio urbano que se ideó durante el siglo XX para la circulación de vehículos a motor -pavimentado con asfalto impermeable- para integrar en la ciudad del XXI los beneficios de los ecosistemas naturales. 

 

 

Redacción por Marta Rodríguez Bosch